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jueves, 20 de diciembre de 2018

Las personas que amo

Las personas que amo son humanas, pero parecen de otro planeta. Son naturales y eso les hace conectar con la esencia de la vida. Piensan y no tienen miedo de hacerlo. Se autoanalizan, se exigen el máximo, pero también se perdonan cuando fallan.

Las personas que amo siempre te dicen lo que quieres oír, aún cuando no lo quieres oír. No solo prueban a entrar en su cabeza, sino también en su piel. Son luminosas, tienen una sonrisa como respuesta a tus locuras y te tienden la mano para impulsarte a llegar más lejos.

Las personas que amo saben dar y saben recibir. No juegan al papel de víctimas, aprovechan sus recursos y crean su propia suerte. Las personas que amo también se derrumban y también tienen crisis de desesperanza, pero no tratan de ocultarlo. Hablan abiertamente de su totalidad y no cubren con máscaras alegres su cara más triste. Superan esos baches con la fuerza de su amor por la vida y piden ayuda si la necesitan.

Las personas que amo sueñan grande porque no temen al fracaso. Prefieren aspirar a lo aparentemente imposible que aceptar una mediocridad surgida del miedo. Las personas que amo hacen muchas cosas, pero siempre tienen tiempo para divertirse contigo. Usan el "sí" y el "no" con la seguridad de quien sabe lo que quiere.

Las personas que amo tienen miedo, pero lo detectan y no le dan el control. No se quejan constantemente, son de tomar acción. En vez de criticar prefieren asegurarse que son las primeras en dar ejemplo de coherencia entre palabras y hechos.

Las personas que amo vibran alto, disfrutan de pequeños y grandes placeres de la vida, celebran las cosas buenas, aprenden de las malas, son gratas y ponen ilusión en los procesos y en los detalles.

“Las personas que amo” son la persona que me comprometo a ser. 


lunes, 30 de mayo de 2016

Dulce melancolía

Hace tiempo que soy consciente mi inclinación por la melancolía. De hecho, pasé etapas de mi vida (años diría yo) dejándome llevar por esta sensación. Cuando uno es melancólico no suele hacer demasiados amigos, es visto como alguien serio y tristón que lo que le pasa es que no sabe contentarse y que tiene un problema de actitud. Esta percepción y juicios pueden convertir al melancólico en alguien más taciturno aún. 

Pero el melancólico es un Ave Fénix; renace continuamente de su tristeza y hundimiento. Puede que incluso se deje arrastrar por la depresión, pero también a ella le gana la batalla. Y lo hace a lo grande. El resurgir del melancólico es como un continuo renovarse (o morir: cosa que tampoco le importaría demasiado en sus horas bajas :D ). 

Este resurgir es grandioso porque el que lo hace lo consigue a base de una dedicación intelectual, emocional y especialmente creativa que lo lleva a descubrir caminos sólidos dónde solo había barrizales y alternativas ante aparentes precipicios insondables. Puede que después de regenerarse vuelva a caer aún más profundo pero oye, él lo intenta; practica eso que se llama vivir.  En general, el melancólico hace un bien a la sociedad pues abre vías nuevas en una continua búsqueda para no hundirse en un panorama cuyo repertorio no le satisface. Es decir, el melancólico genera, crea, cosa que no suelen hacer los satisfechos. 

Este renacer también es grandioso porque la sensación que embarga al triste cuando encuentra salida al hoyo es precisamente eso: volver a vivir como si todo fuese nuevo. Y puedo asegurar que no conozco sentimiento que se le parezca: una extraña mezcla de plenitud, ansias y respeto al tiempo que una continua percepción de lo sublime. 

Durante los periodos en que abandono la melancolía me siento feliz, contenta. Entonces la melancolía me parece una pérdida de tiempo. Pero cuando todo empieza a perder sentido de nuevo, la melancolía vuelve a aparecer como salvavidas, entonces me agarro a ella con fuerza y me parece más dulce que nunca. 

Tristeza não tem fim 
Felicidade sim 
Tom Jobim e Vinício de Moraes