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jueves, 20 de diciembre de 2018

Las personas que amo

Las personas que amo son humanas, pero parecen de otro planeta. Son naturales y eso les hace conectar con la esencia de la vida. Piensan y no tienen miedo de hacerlo. Se autoanalizan, se exigen el máximo, pero también se perdonan cuando fallan.

Las personas que amo siempre te dicen lo que quieres oír, aún cuando no lo quieres oír. No solo prueban a entrar en su cabeza, sino también en su piel. Son luminosas, tienen una sonrisa como respuesta a tus locuras y te tienden la mano para impulsarte a llegar más lejos.

Las personas que amo saben dar y saben recibir. No juegan al papel de víctimas, aprovechan sus recursos y crean su propia suerte. Las personas que amo también se derrumban y también tienen crisis de desesperanza, pero no tratan de ocultarlo. Hablan abiertamente de su totalidad y no cubren con máscaras alegres su cara más triste. Superan esos baches con la fuerza de su amor por la vida y piden ayuda si la necesitan.

Las personas que amo sueñan grande porque no temen al fracaso. Prefieren aspirar a lo aparentemente imposible que aceptar una mediocridad surgida del miedo. Las personas que amo hacen muchas cosas, pero siempre tienen tiempo para divertirse contigo. Usan el "sí" y el "no" con la seguridad de quien sabe lo que quiere.

Las personas que amo tienen miedo, pero lo detectan y no le dan el control. No se quejan constantemente, son de tomar acción. En vez de criticar prefieren asegurarse que son las primeras en dar ejemplo de coherencia entre palabras y hechos.

Las personas que amo vibran alto, disfrutan de pequeños y grandes placeres de la vida, celebran las cosas buenas, aprenden de las malas, son gratas y ponen ilusión en los procesos y en los detalles.

“Las personas que amo” son la persona que me comprometo a ser. 


lunes, 20 de febrero de 2017

En carnaval: careta sobre careta

No sé que gracia le ve la gente a eso de disfrazarse. La mayoría lleva puesta una careta todo el año, sino varias.

¿Quién es el que se comporta como uno mismo las 24 horas? Con el jefe, con la familia, con el
mendigo, con el presidente… ¿Alguien se libera de los roles? Quién más y quién menos tiene unas cuantas caretas guardadas en el armario junto con la ropa que se va a poner ese día. Lo peor es que a veces uno se acostumbra tanto a las caretas que hasta en la más pura soledad se le olvida quitársela. ¿Por qué razón iba sino uno a aborrecer estar solo y la inactividad? Conviene distraerse y compañía para evitar que la careta se caiga y nos descubramos ante el espejo con esa cara desconocida que resulta que es nuestra. 

Es por esto que no acabo de entender la gracia de los carnavales. En realidad, imagino que en estas fechas las personas aprovechan precisamente para lo contrario. Ocultando sus caretas con otras careta se atreven por unos días a ser ellas mismas, a hacer el idiota para soltar todo ese disfraz que llevan pegado los restantes días del año. Como una buena borrachera. O como volver a la infancia. La excusa perfecta para sacar los instintos primarios, la desinhibición y hacer un papel escrito por ellas mismas pues, a diferencia del resto del año, uno escoge el disfraz y no se pone el que le mandan.