viernes, 14 de agosto de 2015

Lugares que recomiendo V: naturaleza y pueblos de China

Si uno quiere conocer bien China no debería prescindir de ciudades como Beijing ya que ofrece una visión muy completa de la mezcla de tradición y modernidad característica del país. Shanghái ya es otra historia, es casi como Occidente con toques orientales. Claro que todo depende del contraste. En esta ciudad concluimos el mes que pasamos en China después de haber estado en pueblos donde resultaba raro ver a un occidental y nadie, absolutamente nadie, hablaba inglés... Por esto, Shanghái me resulta demasiado fácil y acogedora como para parecer China. Sin desmerecer otros lugares como Xian, Chengdú, Pingyao... De China, me quedo algunos pueblos con aires de pasado y los, casi inverosímiles, paisajes naturales. A estos lugares dedico el post, teniendo en cuenta que el viaje se desarrolló especialmente en la parte este el país.

Por cierto, en cuanto a lo chinos, me parece que navegan entre la ingenuidad y la mala educación, entre la simpatía y la facilidad para encolerizarse, entre el despiste y la capacidad de generar una estampida a lo Jumanji... Son fácilmente identificables como una masa, un todo. Una sociedad cohesionada y con cierto punto de hostilidad aunque, al mismo tiempo, su curiosidad los abre al mundo y es fácil echarse unas risas con ellos. Desde luego, el choque cultural es grande y tangible.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Confío en las personas

Ahora que está de moda confiar en los perros, a mí se me da por confiar en las personas. Y no es por ir a contracorriente, mi esfuerzo me ha costado.

Parece que ya nadie da oportunidades ni a los demás ni a uno mismo. No sé si antes se daban muchas o no, pero últimamente escucho muy a menudo eso de "soy como soy" o "no va a cambiar nunca"... Es decir, como una reafirmación en el más puro inmovilismo y una falta de confianza ante la posibilidad de cambio en relación no sólo a la persona, sino al cambio como algo posible.

Que una persona lleve repitiendo un patrón X tiempo no quiere decir que vaya a ser así el resto de su vida. Eso es negar la capacidad de reaprender del ser humano. Y estoy hablando de cosas importantes que se deberían trabajar como, por ejemplo, aprender a gestionar emociones o variar comportamientos nocivos. Los violentos, los depresivos, los rencorosos, los miedosos, los chulos, los acomplejados... Todos podemos cambiar. Claro que para eso hay que querer.

Propongo sustituir el "no puedo/e cambiar" por el "no quiero/e cambiar", para ser más honestos con los que nos rodean y con nosotros dejando claro lo cómodo que resulta esta actitud para usarla como justificación de nuestros actos. Muchas veces, de todos modos, es tremendamente difícil dar pasos adelante en un entorno que no proporciona el contexto de confianza adecuado para ello.

Cuando se ha comprendido el significado del cambio y se ha vivido el proceso en las propias carnes, se aprende a confiar. Si crees que no es posible, puede que estés siendo injusto contigo y con los demás y el primero de los cambios deba producirse en ti.

sábado, 1 de agosto de 2015

Es un buen chiste

Watchmen - El chiste de Pagliacci


Una vez me contaron un chiste: un hombre va al médico y le dice que está deprimido. Que la vida es dura y cruel. Dice que se siente solo en un mundo amenazador. El médico le dice "El tratamiento es muy sencillo. El gran payaso Pagliacci está en la ciudad. Vaya a verle, eso lo animará". El hombre rompe a llorar. "Pero, doctor... - le dice - yo soy Pagliacci". Es un buen chiste. Todo el mundo se ríe, se oye redoble y baja el telón."

miércoles, 24 de junio de 2015

Macondo está en Galicia

Macondo, ese extraño pueblo de extrañas gentes y extraños sucesos creado por García Márquez está aquí: en Galicia. Si hay algo que me engancha del realismo mágico es que me hace recordar las historias que escuchaba de pequeña. Hechos inexplicables a primera vista, revestidos de cierta magia, esoterismo, hechicería, fuerzas del destino... Y he conocido a gente grotesca, peculiar, misteriosa, como salida de una realidad diferente... 

Ahora ya no ocurre tanto, pero antes la "magia" estaba mucho más entremezclada con la "realidad" en Galicia. Y aún permanece en las personas de más años. Mi madre cuenta, de vez en cuando, la historia de un vecino, emigrado, que habría sufrido un trastorno cataléptico durante su estancia en el extranjero. Cuando volvió a casa, decidió no contárselo a su familia. Por lo visto, sufrió un nuevo ataque y acabó enterrado vivo. Se dice que de su tumba manó algo de sangre, lo que hizo que la abrieran y encontraran su cuerpo dado la vuelta.  Recientemente, me contaba otra historia una abuelita: había conocido a un joven que se había vuelto loco de tanto estudiar y que un día tocando con mucho entusiasmo, pues era músico, había reventado. Me encantó la historia. Fue lo que me llevé de ese día.

En Galicia, los males de ojo eran habituales y si a uno le salía un herpes iba a que lle cortaran o aire. Y la curuxa anunciaba las muertes y la gente se volvía loca por amor o desamor o por alguna otra pasión. Las grescas familiares podían acabar con alguna muerte y en la casa del vecino se abrían solos los cajones porque había fantasmas. Pero ahora los herpes se curan con pomada, la curuxa se ha mudado al zoo, los locos son personas con trastornos nerviosos, las rencillas familiares se solucionan en el juzgado y los fantasmas no existen. 

Macondo es real. Para quien sepa encontrarlo, está en Galicia. 

jueves, 30 de abril de 2015

El lobo estepario de Hermann Hesse

La obra El lobo estepario de Hermann Hesse vino a mí recientemente (parecía empeñada en que la leyera cruzándose en mi camino en varias ocasiones así que hice caso). Su lectura captó mi atención de una manera especial, diferente. En esta ocasión, se trataba de hablar de cosas esenciales algo sobre lo que me he dedicado a pensar mucho en el último año. Yo también me siento "hombre" y "lobo estepario" y, al mismo tiempo, un cúmulo de almas diversas atrapadas en esa simplificadora dualidad. 
El libro ha abierto para mí, además, un sendero de lecturas relacionadas que tengo ganas de recorrer.
<<No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; no puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan
Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento>>.

Hermann Hesse

miércoles, 18 de marzo de 2015

Sin vocación o las ventajas de ser un perdedor

En estas me encuentro. Sin vocación. Sin interés en nada. "Perdida", que dirían algunos. Pero oye, el peso que me quito de encima. Ahí están todos afanados en encontrar un trabajo que "sea de lo suyo" que pa' algo han estudiado eso y venga frustración por aquí y venga a aceptar condiciones eclavistas por allá... La verdad, ahora mismo, la sola idea de pensar en ejercer como periodista me da una pereza enorme. Trabajar como camarera, también. Mi opinión sobre mi trabajo actual: bostezo. 

Pero se supone que hay que trabajar porque dice la gente que si no se hace de eso ya no comes pan y que tu casa pasa a estar debajo de un puente. Así que puestos a ello supongo que lo mejor es hacer algo que te gusta. ¿Y que pasa si no te gusta nada? Venga, va. Que resulta que no hay que ser tan exigente y que algo me tendría que gustar. 

Hombre, a ver. Hay cosas que me gustan. Si pudiera dar marcha atrás me encantaría estudiar Arqueología. De hecho, puede que trabajar como arqueóloga también me gustase. Porque se supone que se trata de ir a sitios donde hay cosas importantes de hace muchos años y hay que hay que quitarles el polvo y descubrir de que época son, mil años arriba, mil años abajo ¿no? Bah, seguro que si trabajase de arqueóloga me aburriría un montón. O puede que no. Yo que sé. 

Siiiiii, suena como que no tengo nada claro, pero ya dije que estaba sin vocación y perdida. Y ahí está la gente como con las cosas súper claras "quiero esto, voy a hacer aquello otro..". Como construyendo un futuro con claridad con todo lo que va a hacer y cuántos coches y bocas que alimentar tendrá... Y yo aquí, de un lado para otro y lo mismo me da que esto que lo de más allá o que todo lo contrario. A ver, algo tengo claro. Y es en lo que no estoy dispuesta a ceder. Sobre todo lo demás: un misterio. 

Pero vamos, esto de no tener presión está guay. Claro que a nivel social supongo que suenas como lo que se da en llamar "un perdedor". Me encantan los perdedores. No suelen vivir en el engaño, aceptan su supuesto fracaso al no encajar en el encorsetamiento social. En cambio los "triunfadores", la mayoría de ellos, también han perdido pero no tienen el valor de reconocerlo.

Así que a dos años de la treintena supongo que estoy en el buen camino de lo que será una futura perdedora. Lo que no suena mal del todo. ¿Parece esto conformista? Todo lo contrario. No me conformo. Esto no me vale. Aspiro a más, pero mis aspiraciones no conllevan una aceptación social, ni demostrar nada ni ser un ejemplo. Así que aceptaré cualquier etiqueta, pues mi idea de vida es otra. Y lo mejor: no resulta un peso, sino una liberación. Y solo así puede que un día llegue la inspiración.


Vou viver 
até quando eu não sei 
que me importa o que serei 
quero é viver
António Variações 

viernes, 30 de enero de 2015

Misantropía

Hay días en que odio a la humanidad. ¿Seré acaso una misántropa? Sé que todo el mundo odia en algún momento de su vida, o incluso un par de veces al mes, a la humanidad. Mi odio es casi diario. Mientras la mayoría piensa que el ser humano es fantástico (en realidad, muchos piensan ellos mismos son fantásticos en particular) a mí me parece todo basura. De vez en cuando me topo con elementos aprovechables. Gente con valores, gente educada, gente que se ríe de si misma y de mundo en el que vivimos. Incluso personas que saben ver más allá de lo mundano y los cinco sentidos. Entonces me siento culpable por odiar a la humanidad. Por generalizar. Pero es que resulta imposible no cruzarse diariamente con egoístas, mezquinos, necios, narcisistas, hipócritas, mentirosos... La gente es basura y, como tal, ha convertido al mundo en un gran vertedero. Todo el engranaje social, económico, político funciona con mierda. Y todos acabamos apestando. Cuando digo que me gustaría vivir en una aldea en un lugar remoto en plan ermitaño, me llaman asocial. Pero es que nunca me ha gustado el olor de la mierda.