viernes, 30 de enero de 2015

Misantropía

Hay días en que odio a la humanidad. ¿Seré acaso una misántropa? Sé que todo el mundo odia en algún momento de su vida, o incluso un par de veces al mes, a la humanidad. Mi odio es casi diario. Mientras la mayoría piensa que el ser humano es fantástico (en realidad, muchos piensan ellos mismos son fantásticos en particular) a mí me parece todo basura. De vez en cuando me topo con elementos aprovechables. Gente con valores, gente educada, gente que se ríe de si misma y de mundo en el que vivimos. Incluso personas que saben ver más allá de lo mundano y los cinco sentidos. Entonces me siento culpable por odiar a la humanidad. Por generalizar. Pero es que resulta imposible no cruzarse diariamente con egoístas, mezquinos, necios, narcisistas, hipócritas, mentirosos... La gente es basura y, como tal, ha convertido al mundo en un gran vertedero. Todo el engranaje social, económico, político funciona con mierda. Y todos acabamos apestando. Cuando digo que me gustaría vivir en una aldea en un lugar remoto en plan ermitaño, me llaman asocial. Pero es que nunca me ha gustado el olor de la mierda.

martes, 7 de octubre de 2014

El machismo, el feminismo equivocado y el sexismo

De un tiempo a esta parte noto como han ido en aumento las críticas revestidas de feminismo hacia el machismo. Después de leer a través de las redes sociales diversos post (en su mayoría personales) con abiertas quejas hacia la actitud machista de muchos hombres y sus consecuencias, he sentido la necesidad de escribir mi reflexión personal pues no concuerdo con las formas con las que se está llevando el tema aunque puedo entender el fondo que se persigue

Las mujeres se quejan porque, debido a siglos de dominación masculina y una estructura social basada en el patriarcado, se han convertido en indefensas ciudadanas de segunda. Sin negar las alarmantes consecuencias que una sociedad machista ha acarreado al sexo femenino a lo largo de la historia, creo que se sigue la misma pauta que nos ha llevado a formar parte de él: la pasividad revestida de quejas. 

Por otra parte, se han conseguido muchos logros gracias a mujeres activas que dieron su vida, incluso literalmente, para cambiar las cosas. Otras muchas grandes mujeres de la historia han pasado inadvertidas por un ocultismo intencionado. Pero han luchado correctamente por la igualdad. Ahora, nos empeñamos en llamarnos "víctimas", "vulnerables" y todas esas palabras que jamás debería pronunciar una mujer reclamando, consciente o inconscientemente, una protección que proviene, como no, del hombre. Y esto ocurre porque en la actualidad cuando la mujeres se vuelven activas, muchas, se equivocan en las formas. No quiero leyes que me sobreprotejan: por el mismo delito la pena debe ser igual para un hombre y para una mujer. No quiero que se use el insulto o la amenaza como revancha dialéctica alimentando de esta manera el odio entre sexos (frases potenciadas por colectivos feministas como "no quiero tu piropo... quiero que te mueras"). No quiero que me den estúpidas pautas sobre qué tengo decir y cómo decirlo cuando estoy interaccionando con un grupos de hombres (esto va por este otro post). No quiero que se use el desnudo como un reclamo de atención hacia una protesta que solo va a salir en los medios precisamente por el destape en sí (ver Femen) No quiero que vuelvan a decir en los medios de comunicación que han muerto X personas, entre las víctimas a destacar X mujeres y X niños. No quiero que me comparen a un niño. Soy un adulto. Tengo, como diría Nina Simone, mi vida y mi libertad, ahora solo hay que emplearla de manera correcta. 

Afortunadamente, en el mundo occidental las mujeres, aún con restricciones, estamos accediendo a cotas de poder nunca antes imaginadas para el colectivo femenino: podemos ser desde amas de casa hasta presidentas de un país. Ahí radica nuestro reto ahora. Dejemos de quejarnos o de avanzar hacia medidas equivocadas y vayamos a lo importante. Nada de discriminación positiva, no se puede luchar por algo aplicando lo contrario. La discriminación es discriminación; jamás puede resultar positiva. Centrémonos en la educación, en la casa, en la escuela, en el trabajo, desde los medios, desde los poderes políticos para abolir el verdadero problema: el sexismo.

Está en nuestra mano alejarnos de la soberana chorrada, pero de hondo calado, que supone llamar a una niña "princesa" y "guapa" o decirle a un niño que se está convirtiendo en un "hombrecito". Del pony rosa y de el balón de fútbol. Porque sí señores, las estupideces más grandes sobre los juguetes y descripciones de niños VS niñas las he escuchado de mujeres. He visto como mujeres no han enseñado a sus hijos a recoger la mesa, a hacer la cama o, simplemente, respetar a una mujer ni a respetarse así mismos a ambos sexos burlándose de actitudes supuestamente femeninas o masculinas que no "corresponden" a su condición. He visto a mujeres aconsejando a otras pedir la intervención de un hombre para cualquier arreglo doméstico o pidiendo ayuda a sus parejas para subir una roca sin probar siquiera si lo conseguirían por sí mismas. 

Dejemos, además, de fomentar la envidia entre mujeres. Respetémonos unas a otras para dar ejemplo. Estoy cansada de escuchar de boca de mujeres que compañeras del trabajo han ascendido por hacer determinados favores. En el colegio, no separemos chicos y chicas para la misma actividad dando por sentado que ellas no van a poder llegar tan lejos. En la parte que me toca, como periodista, jamás escribamos vergonzosos artículos o saquemos vergonzosas fotos que ponen en ridículo a las mujeres. Aún recuerdo como, precisamente una mujer, me recomendaba sacar imágenes de chicas ligeras de ropa para un programa de refrito para una cadena de TV porque "vendía".Ya ni hablar de las revistas tipo Cosmopolitan cuya redacción se compone de una plantilla femenina con artículos como "Asi es la novia ideal (según ellos)".  Son precisamente las mujeres las que se presentan a actuar como idiotas en programas o películas. Las que protagonizan videoclips perreando para "deleite" del público masculino. O peor aún, se convierten en un objeto para poder vender su "música" o producto (véase este videoclip de Nicki Minaj o este otro de Jennifer López e Iggy Azalea). O también, como no, cubren bajo sus paraguas a deportistas de élite enfundadas en trajes de látex. En realidad, esto no tendría  no tiene por qué convertirnos en trozos de carne a las demás si el fondo educativo ha sido el correcto. Y ya, desde el importante ámbito político centrémonos en aquello que nos afecta realmente como la Ley del Aborto o la equidad de salarios

Lo que está en nuestra mano requiere valor y fuerza para hacerlo. No son estas características intrínsecas masculinas, son las necesarias en una persona tanto en su vida personal como en comunidad para tomar decisiones importantes y favorecer el cambio. Dejemos de dividir el mundo en hombres y mujeres, no somos enemigos somos seres humanos todos tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos cada uno con su personalidad individual. Solo así podríamos convertir este mundo en algo mejor de lo que es porque, si es una auténtica basura - siempre he tenido una percepción muy positiva de él :) - , es por culpa de ambos. 

Solo un detalle. Una vez que las mujeres tengamos libre poder ¿no acabará este corrompiéndonos como ha pasado a lo largo de la historia con los hombres? ¿No acabaremos usando a hombres y mujeres como objetos? ¿Como dinero? ¿Como algo útil para llegar hasta dónde nuestra ambición nos mande? En realidad parece que ya ha sucedido en más de una ocasión... Se ha dicho que estas mujeres, actuaron así en el poder porque para llegar a él tuvieron que asimilar actitudes propiamente masculinas... Esta afirmación sí que me parece tremendamente sexista. Una posición de poder podría corromper por igual a hombres y mujeres porque, al final y aunque no os lo creáis, no somos tan diferentes. Pero esto daría para otro post. Hoy lo dejo aquí.

Actualización 29/09/18: no creo que el poder o el dinero corrompan, sino que gente con voluntad corrupta encuentra en ellos los medios ideales. 


miércoles, 30 de abril de 2014

"Tengo mi vida. Tengo mi libertad".

Me encanta esta canción de Nina Simone. No solo por el modo de cantarla, con esa mezcla de fuerza y serenidad, sino porque, al fin y al cabo, pocas cosas tan importantes se pueden decir con una letra tan sencilla. "Tengo mi vida. Tengo mi libertad". Con eso basta para ir tan lejos como uno quiera y nada puede perder el que ya nada tiene. 


(La letra no se corresponde completamente con esta versión más espontánea)
Ain’t got no home, ain’t got no shoes
Ain’t got no money, ain’t got no class
Ain’t got no skirts, ain’t got no sweater
Ain’t got no perfume, ain’t got no beer
Ain’t got no man
Ain’t got no mother, ain’t got no culture
Ain’t got no friends, ain’t got no schooling
Ain’t got no love, ain’t got no name
Ain’t got no ticket, ain’t got no token
Ain’t got no God
What have I got?
Why am I alive anyway?
Yeah, what about God?
Nobody can take away
I got my hair, I got my head
I got my brains, I got my ears
I got my eyes, I got my nose
I got my mouth, I got my smile
I got my tongue, I got my chin
I got my neck, I got my boobs
I got my heart, I got my soul
I got my back, I got my sex
I got my arms, I got my hands
I got my fingers, Got my legs
I got my feet, I got my toes
I got my liver, Got my blood
I’ve got life , I’ve got my freedom
I’ve got the life
And I’m gonna keep it
I’ve got the life
And nobody’s gonna take it away
I’ve got the life


lunes, 31 de marzo de 2014

Lugares que recomiendo IV: la campiña y la costa del sur de Inglaterra

Hace un año que me fui al extranjero con el objetivo de mejorar inglés y con las puertas abiertas a asentarme si las cosas venían de cara. Hecho que al final no se dio por una serie de circunstancias.

En términos generales, se podría decir que empleé los cuatro meses que pasé en Inglaterra en gastar el poco dinero que ganaba en viajar. Y así me volví, con los bolsillos vacíos, pero feliz en ese aspecto porque no concibo una vida sin explorar nuevos lugares y experiencias

Lo mejor de los viajes fueron las partes menos preparadas. Esa reserva de última hora de una habitación compartida con siete desconocidos en un hostalucho, esa línea escrita a boli en un papel cualquiera imitando las indicaciones de google maps para no perderme en la campiña inglesa, esa estación de tren desierta en la que me apeaba sin saber cuándo pasaría el tren (con el consiguiente riesgo de perder el último de vuelta a casa)...

La verdad es Inglaterra me sorprendió muy gratamente. Pasé de las grandes ciudades, pues buscando información en Internet ninguna me despertaba especial interés (salvo Londres) decantándome por la campiña que parecía realmente prometedora. En los posts sobre viajes me gusta hablar de lugares no tan conocidos de sitios muy conocidos. En este caso, haré referencia a lugares emblemáticos del sur de Inglaterra, pero para seguir en la línea citada no haré referencia a sitios que  también visité como Oxford, Canterbury, Bath, Brighton o Londres (donde viví) ya que sobra información sobre ellos.

Me quedé con ganas de visitar un par de sitios más del sur de Inglaterra realmente interesantes que tarde o temprano caerán.

miércoles, 12 de febrero de 2014

El tiempo

El tiempo. Te atrapa, te castiga, te acosa, te exaspera. Te libera, te redime, te da tregua, te tranquiliza. 
El tiempo, siempre presente. También futuro y pasado. 
Impalpable, pero perceptible. 
Largo y breve. 
Implacable. 

¿Qué es la vida sino una cuenta a contrarreloj? ¿Qué es la vida sino tiempo? Tiempo para hacer esto y aquello. Tiempo para ser feliz. Para perseguir los sueños.
Los años pasan. Tic-tac.
El tiempo no se detiene, pero uno si. Uno se detiene en esto y aquello. Uno se detiene en instantes de infelicidad. Se detiene ante dudas y miedos. Y mientras uno está quieto, paralizado, el tiempo sigue su ritmo. 

Es por todo esto que el tiempo es mi amigo y, a la vez, mi enemigo. Está en mi contra cuando se manifiesta en forma de agujas de reloj, en hojas de calendario y en años que se suceden demasiado rápido. Pero por eso misma razón está de mi parte. Porque me impulsa a no pararme, a no estancarme. A querer aprovecharlo. Mientras sienta que el tiempo me pisa los talones haré lo necesario para poder decir, una vez se acabe: ya no me importa. 

jueves, 7 de noviembre de 2013

En UK: ser feliz con menos

Cuando lo conocí, Francho vivía en un bote. Todo lo que tenía eran unas pocas prendas de ropa, unos pocos utensilios de cocina, una bicicleta prestada y un teléfono móvil con conexión a Internet. Y lo creí cuando me aseguró que era feliz. Había cruzado el Atlántico desde su Caracas natal hasta pequeño pueblo de Hoo, próximo a la isla donde yo vivía antes de trasladarme a Londres. Allí fue dónde lo conocí, a las afueras de St Mary's Island, un gran vecindario flotante. Iba cargando con una bici que le había dejado un amigo y que apenas podía sostener su delgado cuerpo y se acercó a mí para preguntarme unas indicaciones. Me llamó hermana tras averiguar que era española y al saber que era periodista me propuso que conocer el proyecto que lo había traído a Inglaterra, a dónde había llegado por primera vez hacía apenas un día

Poco tiempo después me acerqué hasta Hoo. Allí Francho me mostró el bote en el que vivía y otros muchos botes que se habían convertido en el hogar de otros compañeros, bien donados, bien comprados a precio e ganga. Todos ellos eran jóvenes y provenían de diferentes partes del mundo. Se habían unido con el objetivo de investigar las causas de la contaminación de ríos y mares en lugares concretos. Y decidieron empezar por Hoo, bañado por un río, sin duda, contaminado. "Por algún sitio hay que empezar", me respondió Francho cuando le pregunté por qué habían elegido Hoo como parte fundamental en su trabajo. Tenían no obstante, otros centros de investigación en otras partes del mundo. 

Cuando llovía se apuraba a poner, como si de un gag cómico se tratase, uno de los cazos que usaba para cocinar con el objetivo de impedir que el agua que se escurría por una gotera mojase su modesta "casa" y sus pocas posesiones. Apenas había espacio para una cama estrecha y unos hornillos. El baño estaba en el muelle y era usado por los miembros del proyecto y también por personas adineradas que tenía sus propias embarcaciones de recreo. 

Me contó que no estaba siendo feliz en Caracas. Había empezado a estudiar una carrera que no le llenaba y la vida con su familia no estaba siendo fácil. Así que, con 26 años, decidió abandonar todo lo que tenía tras ponerse en contacto con gente del proyecto de protección marina y empezar una nueva vida. Aseguraba que lo que hacía ahora le ilusionaba de verdad, que por fin había encontrado su camino. Hablamos largo y tendido sobre qué podría hacer el ciudadano de a pie para contaminar un poco menos y sobre los productos supuestamente tóxicos que consumimos todos los días. También me contó que, como parte del proyecto, tenían una web con entrevistas a expertos de medioambiente y me propuso participar en esa parte de la iniciativa. Desde luego, resultaba una persona totalmente coherente porque lo que predicaba lo ponía en práctica y su día a día se caracterizaba por la austeridad con lo que causaba un mínimo impacto al medioambiente, algo que se había convertido en el eje de su vida. 

Lo cierto es que unos días después de visitar los botes de Hoo me mudé a Londres y nunca volví a saber de Francho. Pero conocerlo me ayudó a entender mejor algo sobre lo que yo llevaba reflexionando tiempo: cuanto menos tienes, cuanto menos necesitas, más libre y, por tanto, existen más opciones de encontrar la felicidad o lo que cada uno pueda interpretar bajo ese concepto. Y lo recordé sobre todo cuando durante la mudanza tuve que cargar con dos maletas pesadas que había traído desde España. Y lo peor, no había necesitado ni de lejos todo el contenido e incluso había comprado algo más en suelo inglés. Arrastrando cosas inútiles lo vi más gráfico que nunca. El peso de esas maletas me frenaba, cargando con ellas del bus al metro y del metro a pie hasta la nueva casa. Había tardado más y me había cansado más que si hubiese ido ligera de equipaje. No hablo de gente que tiene poco porque carece de recursos. Hablo de gente que decide tener poco. Eso va totalmente en contra de la tendencia reinante en la que, a modo de metáfora, la mayoría va siempre cargando con pesadas maletas cuando, en realidad, para cruzar el océano no hace falta nada más que lo puesto y una ilusión. Cuanto menos llevemos en nuestra maleta, más lejos llegaremos en nuestro viaje. 



jueves, 10 de octubre de 2013

Pastillas para no soñar

En las pocas ocasiones en que veo la televisión, a veces me quedo embobada viendo los anuncios. Me gusta hacer un análisis de estos fragmentos audiovisuales partícipes de la idiotización de la sociedad y de la perpetuación de estereotipos. ¡Cuánta materia prima para hacer una radiografía sociológica!

Me llaman especialmente la atención los anuncios de medicamentos, placebos y similares. Hay uno reciente (como ha habido muchos) que reza algo así como: "¿No consigues conciliar el sueño y eso provoca que estés hecho mierda durante el día? ¡¡No pasa nada!! Toma estas pastis y te despertarás fresco como una lechuga después de un sueño reparador".


Y entonces pienso en todas esas personas que irán corriendo a la farmacia a comprar esas pastis tan guays que permiten que todos los malestares psicológicos y físicos que provocan insomnio desaparezcan para proporcionar un placentero sueño e incluso se caerá un poco de babita encima de la almohada. El anuncio continúa y el pobre protagonista que no daba pie con bola debido a la falta de sueño empieza a rendir de nuevo en sus "quehaseres" diarios.
Ja. 
Ja.
Ja.

Ahora, la solución a todos los tormentos que provocan la falta de sueño se toman en comprimidos. Y a tirar pa' lante. Y entonces, aunque el cuerpo aguante, la mente y el alma siguen deteriorándose por dentro. 

Pero ¿qué quieren? Acaso piensan que van a hacer un anuncio en el que digan: "Tú tienes la calve para solucionar tus problemas. Dormir plácidamente sin recurrir a somníferos es posible si encuentras el motivo de tu desazón y trabajas para sanarlo de manera natural y lógica". ¿Y eso a quién le generaría beneficios económicos?

Por otro lado, está el paciente en vigilia cuyo miedo, falta de voluntad o de perspicacia, o todo ello, le hace recurrir al remedio rápido y efectivo en términos cortoplacistas. 

Y se va al trabajo, ya por fin descansado, a dar el 100% aunque precisamente sea el trabajo lo que le ha quitado el sueño. Solo hace falta echar un vistazo alrededor, acostumbrados ya a agarrarnos a un clavo ardiendo para subsistir. Hagamos de esta frustración laboral nuestra rutina y consolémonos con que existen cosas peores.

O tal vez lo que quita el sueño está al llegar a casa, una familia que sería mejor tener lejos, pero al fin y al cabo siempre estará ahí y tienes la obligación de estar tú también. Tal vez un matrimonio infeliz, pero como para dar marcha atrás y empezar de nuevo ahora. Vivimos llenos de obligaciones y cargamos con ese peso sobre nuestros hombros obligándonos a dar pasitos pequeños y a pararnos durante largos periodos. 

O puede que nos quite el sueño todo lo contrario: la soledad. ¡Cuántas vueltas en la cama hace dar!

Puede que lo que provoca la vigilia sea esa sensación terrorífica de que de que pasan los años y se acaba el tiempo para hacer lo que se desea y la certeza de haber ido siempre a lo seguro y no haber tenido el valor de confiar en las intuiciones.

Las inseguridades personales, o la excesiva exigencia a uno mismo, tampoco ayudan a dormir a pierna suelta. Obsesionados siempre con lo qué pensarán y dirán los demás, incluidos y, sobre todo, aquéllos que no nos importan lo más mínimo. Estar fuera del sistema o pensar que se está en esa situación suele derivar también en falta de tranquilidad. 

A lo mejor, interrumpe el sueño ese dolor tras perder a alguien o algo que conformaba una parte esencial de la vida. Porque nos cuesta comprender que nada es tan importante como para que nuestra vida dependa de ello. 

¿Y qué me dicen de los traumas? Una infancia o adolescencia complicada puede abofetear una madurez en los momentos bajos y ayudar al desmoronamiento. 

Puede que una enfermedad esté en el origen del insomnio. La falta de confianza en una curación, un fármaco con un prospecto lleno de "bonitas" especulaciones al que uno se ve atado de por vida, malestares puntuales que alimentan un malestar general como una pescadilla que se muerde la cola...

Tantas, tantísimas cosas pueden quitar el sueño... y solo una puede devolverlo. No son unas pastillas, sino ser consciente de que algo no va bien y hacer algo real para solucionarlo para dormir de verdad. Para curarse. Y sobre todo, para conocerse a uno mismo y todos esos terrores interiores, drogados con pastillas hasta que el propio miedo de que reaparezcan hace que crezca el número de yonkis de las cápsulas mágicas de Morfeo. No hablo en este caso de pequeñas angustias o casos puntuales que nos llenan de preocupaciones y nos vacían de sueño, algo normal y lógico. Hablo de situaciones a largo plazo, cuando las semanas dan paso a los meses y estos se empiezan a contar por años. Cuando la excepción son las etapas en las que uno se siente feliz y la cama proporciona un genuino y placentero descanso

Pero nadie lo va a decir. ¿Acaso no quiere el sistema gente dispuesta a mantenerlo aún a costa de su salud? No es deseable que tengas tus propios pensamientos y que seas consciente de que todo lo que te han querido vender como ideal de felicidad no existe y dejes, por tanto, de consumir, de trabajar o de tomar pastillas y empieces a tener la facultad de decidir plenamente y, con todas sus consecuencias, sobre tu propia vida. De este modo el establishment correría peligro, así que toma somníferos y sonríe. Tu vida es una mierda, pero ahora puedes continuar con ella sin ojeras.  Sé un superman, y, sobre todo, sé una superwoman y jamás pierdas el ánimo porque tú no sabes lo que realmente quieres, ellos saben lo que quieres por ti. Y, como diría Joaquín Sabina, "Si protesta el corazón, en la farmacia puedes preguntar: ¿tienen pastillas para no soñar?"